El carnaval isleño es una costumbre que data de fines del siglo XVIII. La fiesta que remueve la tristeza y apatía, llegó al entonces Presidio de Nuestra Señora del Carmen, de la mano de una caravana de bufones quienes viajaban en una embarcación proveniente de Veracruz; dicha nave buscó refugio en este puerto debido a las inclemencias del tiempo que imperaban en la región.
El carnaval en ciudad del Carmen, inicia cada 20 de enero con la llegada del Rey Momo; esta fecha según datos históricos inicia en 1892 misma que coincidía con la llegada de los chicleros, quienes después de pasar meses en los montes volvían a Carmen a descansar y por supuesto a divertirse en los Toldos.
Dice Gabriel González Mier, que el carnaval en Carmen, se llama Juan. Y es antes que todo un consumado perturbador del orden público. Año tras año se pronuncia contras las costumbres, arrastra en masa a sus pacíficos pobladores que se afilian a su causa, y cuando empuña el cetro se convierte en autócrata.
Jun carnaval es además humorista, presume de escritor y de crítico. Hace versos, aunque por lo general malos, y redacta un periódico en el que se publican sus pragmáticas soberanas, epigramas, fragmentos literarios, chascarrillos y algunas veces editoriales contra la reputación; en una palabra, es legislador y vate.
Desde las primeras horas del sábado, vísperas de la promulgación del bando, empezaban los preparativos del gran desfile. Afanosamente andaba el vecindario, contratando algún carruaje. Hacia agosto Norberto Manjarrez, dueño de la única cochera de la población, donde no quedaba ni una rueda ni un caballo., tanto así que al día siguiente se veía el galerón, como si lo hubiesen saqueado.
Cuando aquí se había arrasado con cuanto había de rodar, la nube de langostas caía sobre los sitios de carretas, a lo largo del muelle fiscal, sin dejar una sola que no fuese contratada por asalto. Los que no alcanzaban ni coches ni carretas, recorrían patios y bodegas, buscando ruedas y ejes y armazones de desecho con que los herreros del lugar improvisaban extravagantes y desvencijados vehículos para el efímero servicio a que estaban destinados.
A buena hora de la tarde del domingo se situaba frente al casino del pueblo la mas lujosa carretela con que se contaba en la población…detrás de esta carretela se iban alineando los carruajes de la cochera, las carretas y toda clase de matracas. Media hora antes de la anunciada ceremonia, con vestidos estrafalarios, desfigurados con toda clase de accesorios y postizos, cargando objetos para hacer ruido, enarbolando banderas y armados de silbatos y paquetes de petardo chinos, los participantes de esta fiesta popular se precipitaban en busca de sus vehículos ocupándolos en medio de una indescriptible zambra de empellones, risas y gritos infernales.

Fuentes bibliográficas.
Libro: Añoranzas del viejo solar carmelita, Gabriel González Mier.
Libro: Recopilación histórica de la Isla del Carmen, Daniel Cantarell Alejandro.
Muy interesante, felicidades Anita Argente, tan isleña como el coco.
Muchas gracias, por seguir nuestro trabajo.
¡Gracias!